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Vicente Herrera Márquez
Como buen hijo de esta tierra;
como todo chileno, que se dice bien nacido, creía y fingía conocerte, por
lo cual recitaba estrofas sueltas del 15, del 20 o de Farewell.
Sabía que a Parral, Araucanía, en invierno, hace cien años las musas te
fueron a dejar: y que en Temuco, Araucanía, comenzaste tu senda, de
juglar, a recorrer. Que a Estocolmo, en busca del Nobel, esta senda te
llevó. Que alguna vez fuiste Senador de la República, que fuiste elogiado,
repudiado, vilipendiado y expulsado de tu país.
También sabía que además del tricolor era rojo tu estandarte de batalla;
el cual enarbolaste en España, en Rusia, en Cuba y en Chile. Recuerdo que
con ese color, con tu pluma, el papel, la máquina de escribir y tu
elocuencia, como candidato cortejaste La Moneda.
Esto y muy poco más sabía de ti, quería conocerte, más no sabía como
hacerlo. Aunque caminos hay muchos: ¿leer los diarios?, ¿ver la
televisión?, pero todo lo que allí se escribe o todo lo que allí se dice
tiene sesgos interesados que acarrean trigo para el molino que más
conviene. Otro camino, comprar libros con tu obra o leer biógrafos y
antólogos, no es posible, no alcanza la pensión de la AFP.
No sabía donde encontrarte. No sabía donde estabas. Anda a verlo al
cementerio me dijo un amigo, más ignorante que yo, pero que también
recita: el 15, el 20 y Farewell. Allí está tu cascara, si es que algo de
ella queda. No me interesa el envase, ese lo puedo ver en revistas, en
fotos, en estatuas, hasta estampado en camisetas, en las cuales realmente
luces si las usa una mujer.
Yo quiero conocer al poeta, al trovador, al romántico, al viajero, al
mujeriego, al vagabundo, al bandido, al lujurioso, al sibarita , al
vividor, a Pablo, a Neftalí, al niño, al joven, al hombre...
Era la media noche, apagué la pantalla que diariamente me asoma al mundo,
alguien en ella, durante el noticiero o en un reportaje, había mencionado
tu nombre o algo de ti, por ello, llegan a mis oídos las estrofas sueltas
que conozco, recitadas por una voz lejana, monótona y pastosa:
-"Me gustas cuando callas...
-"Puedo escribir los versos mas tristes...
-"Amo el amor de los marineros, que besan y se van...
-"Sube a nacer conmigo, hermano...
Dónde estarás Pablo, poeta, amigo, hermano? ¿Dónde andarás " domador de
guanacos tutelares"?
Quiero conocerte un poco más, tomar un trago contigo, aprender y escuchar
tus poemas, quizás recitarte los míos, acompañados por dos musas morenas,
o rubias, o trigueñas, por lo que se, a ti como a mi nos gustan todas.
Pienso, pienso, 20 poemas de amor, pienso, Canto General, sigo pensando,
Los versos del Capitán, Farewell, ¿Farewell?, Farewell, Windows,
¿Windows?, ¿Farewell?.
¡Windows! Ahí estás. Grandísimo tonto, soberano estúpido (ese soy yo), te
he tenido siempre en mi casa, al alcance de mi mano, a la distancia de un
salud o de un clic, y no te conocía.
Me safé del brazo que rodeaba mi cuello, salté de la cama, no se si
vestido o no, corrí al bar, ¿qué bar?, si no tengo bar, llené dos copas de
vino y te fui a buscar.
Encendí la conexión al mundo y comencé el largo pero rápido camino
virtual: Windows-Internet-Google- escribí tu nombre-búsqueda-sitio-página
y allí estabas, parece que hace tiempo me esperabas, una mirada, un: -
hola viejo ¿como estás?- un apretón de manos, un abrazo y amigos, de
ahora, de siempre y para siempre. Una copa en tu mano, la otra en la mía
¡Salud Pablo! ¡Salud Vicente!
Con que ansias bebiste el vino, como brillaban tus ojos observando la copa
vacía dijiste: gracias amigo por traerme el sabor de mi tierra, ni
siquiera Antonio cuando ha venido a buscar ideas, se ha dignado traerme un
trago con el aroma de algún valle de mi tierra.
Fui a buscar una botella de merlot, además traje queso y jamón, la noche
iba a ser larga y vaya que lo fue, pero no sentí el paso de las horas, fue
poco una botella, con que ganas bebimos y comimos.
Entre salud y salud me contaste de ti, de tu vida. Te conté de mí y de mi
vida. Me hablaste de tus pensamientos, de tus inquietudes, de tus
debilidades, de tus amores, de tus virtudes y tus vicios, de tus creencias
y tus falencias, de tus presencias y de tus ausencias, de tus viajes y de
tus colecciones, de política y de romance, de guerras y revoluciones.
Por momentos, por causa del vino o por la monotonía de tu voz, como que el
sueño me vencía, pero no importaba, el disco duro anotaba y así entre
sorbos y bostezos recorrimos Chile en compañía de ovejeros en Magallanes y
pescadores en Chiloé; de mineros en Lota y pirquineros en Copiapó; de
huasos en Colchagua y pampinos en Tarapacá, de obreros y estudiantes por
las calles de Santiago, de portuarios y profesores por las calles de
Valparaíso.
Anduvimos América por pasos escondidos en Los Andes Araucanos, remontamos
el sinuoso camino construido por el Inca, recorrimos el corredor Atlántico
de América.
Asia, por rutas milenarias Birmania (Myanmar), Ceilán (Sri Lanka), Java
(Indonesia), Singapur.
Europa la recorrimos por caminos de guerra y por senderos de paz: España,
Francia, Italia, Rusia y muchos países más. Centroamérica, Méjico y Cuba
también fueron estaciones en este viaje virtual.
Mientras tu monótona voz me llevaba por caminos y situaciones de tu vida,
yo pensaba que en ese momento debieran estar con nosotros mis compañeros y
amigos del círculo literario, todos para que disfrutaran también ese
momento, ahora no me van a creer. El próximo martes cuando nos juntemos
trataré de contarles como nos conocimos en el espacio virtual, les
relataré todo lo que me contaste, les recitaré los poemas que al calor del
merlot me recitaste y todo lo que anoté, para que te conozcan un poco más,
como lo hice yo.
Ya de madrugada, entre el calor del vino tinto y el frío de Junio, medio
dormido escuché que mencionabas nombres de personas: Lorca, Alberti,
Darío, Martí, Amado, Asturias, Rivera; Stalin, Castro, Guevara, González,
Allende; nombras a Pablos amigos y Pablo enemigo, mencionas a Vicente, no
soy yo. También escucho nombres de mujeres: Albertina, Josie, María
Antonieta, Delia, Matilde...
Mucho de lo que me contaste no lo recuerdo muy bien, si recuerdo, y muy
claro,
que varias veces repetiste: “Confieso que he vivido”.
Las seis de la mañana, el sueño me vence, a ti no, estás lúcido, en tu
vida virtual no es necesario dormir. Pero yo tengo que hacerlo, los años
me lo piden y la botella que nos tomamos también.
Pablo, por el momento tengo que irme y créeme que mucho lo lamento, además
en horas del día el viaje hasta tu sitio para mí es tan caro como comprar
tus libros, pero pierde cuidado; ahora que tengo tu dirección y en mi
propia casa, además sabiendo que estás dispuesto a recibirme, seré un
visitante asiduo e impertinente que cualquiera noche, sin previo aviso,
llegaré.
Esta noche a las diez estaré en el mismo sitio, en tu Chascona virtual. De
comida y de trago no te preocupes, me encargo yo: Caldillo de congrio para
aplacar el apetito y souvignon blanc para saciar la sed.
Y ahora Pablo, hasta luego, me acabo de acordar, todavía tengo mucho que
hacer: escribir una reseña de lo ocurrido esta noche, tratar de escribir
un poema y... no se como, pero sacar fuerzas de algún lado, pues me había
olvidado que en mi cama me espera una mujer.
Incluido en libro: Cuentos al Viento
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Reservados. Registrado con el N ° 166350 en el
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