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Vicente Herrera Márquez
En una ciudad del sur, puerto del Océano Atlántico sur, donde casi todos los días sopla un viento fortísimo, una tarde de otoño, una mujer escucha en su computador un:
—Hola ¿Cómo estás?
—Bien —contesta ella, e inmediatamente
pregunta— ¿Quién eres?
—Ya No te acuerdas de mí, hablamos anoche.
—¡Ahhh! Ahora me acuerdo, tú eres de esa ciudad del norte a orillas
del Pacífico...-
—El mismo y si no crees comprueba la dirección IP-
—A ver espera unos momentos...sí aquí está... estamos bien distantes
uno de otro, pero dime: ¿Por qué no pones tu nombre, tu edad u otros
datos en tu perfil?
—Prefiero en anonimato, la incógnita y así abrir caminos a la
imaginación.
—No me gusta, prefiero saber con quién me comunico, tú ves que yo
coloco mi nombre completo, mi e-mail, mi fotografía actual y mi edad
real...
—Y te ves muy linda en esa fotografía y tienes la edad precisa.
—¿Edad precisa? ¿Y para qué?-
—Y, bueno para...para que conversemos, digo yo...
—Bueno, entonces conversemos.- ¿Qué estás haciendo?
—¿Quieres que te cuente lo que estoy haciendo?
—Si cuéntame, quiero saberlo.
—Bueno te voy a contar, voy caminando por...
—¿Caminando?-
—Bueno, imagina que puedo ir caminando… con un equipo móvil o... es
lo que te decía, dale rienda suelta a tu imaginación.
—Te voy a seguir la corriente imaginemos ¿Qué más?
—Dime ¿Hace mucho rato que llegaste del trabajo?
—Si, ya hace como dos horas, hace frío, y está por llover, menos mal
que dejó de soplar el viento que en la mañana estuvo muy fuerte.
—¿Estas tomando mate?
—Si.
—¿Sola?
—Sí, sola
—Sola… ¿Solita?
—Sola, sola, solita y sola.
—Parece ronda, te está gustando el jueguito, viste, es entretenido.
Espérame, voy para allá para tomar unos mates contigo.
—¿Qué? ¡Aaaah! ya, entiendo. Bueno ven te espero ¡Jajajajajaja! Pero
ven rápido y pasa a comprar facturas con crema
pastelera.
—A ver si me acuerdo
como llegar, me dijiste que vivías en el barrio....en el barrio...
—¿Te lo dije?
—Sí, anoche cuando te encontré, estábamos hablando y cortaste la
comunicación…
—¿Anoche? Ah sí, ahora recuerdo. Jardín del Mar, así se llama el
barrio...
—Eso, Jardín del Mar, sabía que era un jardín, pero no recordaba de
que o de dónde.
—Según tu juego ¿Dónde estás ahora?
—Estoy lejos, pero voy a llegar en pocos minutos...sigo caminando,
mejor voy a correr.
—¡Jajajajajajajajaja!
—Por qué te ríes ¿No me crees?
—Quisiera creerte, me gustaría conocerte. Te encuentro simpático,
por lo menos me estás haciendo reír y falta que me hacía, puesto que
tuve un día muy atareado en la oficina y además una discusión tonta
con la jefa, vieja jodida que ya no la aguanto, cualquier día de
estos la voy a mandar al carajo...
—No estés enojada, al mal tiempo buena cara y aguanta a la vieja tal
como aguantas a ese viento, también jodido, que hay en tu ciudad.
—¿Cómo sabes del viento? Sí, tienes razón es mejor aguantar, los
tiempos no están para quedar sin trabajo y menos por discutir con
una vieja pesada que algo le está faltando.
—¿Qué le está faltando?
—Supongo que algo le falta, por el genio que tiene.
—Cuéntame ¿Y a ti no te falta nada?-
—¡Mmmmm, jijijijijijijijijijijijijijijiji! ¿Qué crees tú?-
—No sé… sólo te pregunto. Todos tenemos siempre alguna carencia,
también yo, pues algo creo que me está faltando...-
—¿Qué te está faltando?-
—¡Mmmmmm, jajajajajajajaj! ¿Qué crees tú? Quizás me falta lo mismo
que a ti, aunque no creo que sea exactamente lo mismo…
—¡Jajajajajajajajajajajaja! Me haces reír ¿Qué haces ahora?
—Sigo caminando, ya estoy cerca de tu casa.
—Siiii, claro, voy a hacer como que te creo. Me está gustando el
jueguito ¿Dónde estás?
—Ya estoy en tu barrio, voy caminando por la Calle Del Parque...
—¿Qué calle?
—Calle del Parque.
—Oye, esa es la calle principal de mi barrio.
—Así parece, es linda la calle, estoy entre Las Acacias y Los
Naranjos.
—¡Mmmmm! este...
—¿Cómo dices? No te oigo bien. ¿Tú me escuchas?
—Si, sí, sí, pero...
—¿Pero qué?-
—Pero… ¿Cómo sabes de esas calles? ¿Estás con un plano o un mapa?
Esas calles están cerca de mi casa…
—Entonces voy bien, o sea que te voy a ver luego. Ahora voy cruzando
una calle ancha que se llama, se llama, espera voy a leer el
letrero, se llama Paseo de las Rosas.
—¡Oooooh! ¿Tú conoces este barrio? ¿Cómo sabes el nombre de las
calles? ¿Estas con un plano? Dime cómo, si tú estás tan lejos…
—Bueno. Es fácil, si voy caminando por ellas y veo los letreros en
las esquinas…
—Oye, no puede ser...hay algo raro, me estas asustando... ¿Estás
viendo un plano? ¿Alguna vez has estado aquí?
—Ahora sigo por el Paseo de las Rosas hacia la avenida ancha, allá
al fondo donde se ve bastante movimiento de vehículos....
—Esa es la Avenida Central, la que va hacia el centro de ciudad...
No, no debo caer en tu juego, no debo ¿Por qué me haces esto?
—Ahora voy a cruzar una calle más angosta que tiene una corrida de
árboles altos, parecen pinos, no veo el nombre, los árboles son
grandes y hacen muy oscura la calle.
—¡Los Pinos!, esa es mi calle, ahí vivo yo. No, no te creo,
no puede ser, me estas mintiendo.
—No, no te miento, porqué habría de mentirte, no hay razón para
ello.
—¿Tu eres vidente o algo por el estilo? ¿O me estas tomando el pelo?
Pero es que todo es tan real que no sé qué pensar.
—No. No soy vidente, ni adivino, ni brujo, ojalá lo fuera,
simplemente estoy en este barrio tuyo que por lo demás es muy lindo.
Tu casa debe ser esa que está en la vereda norte de la calle Los
Pinos, antes de llegar a Los Limoneros, esa de reja verde...
—¡Ayayay! ¡Ayayay!
No puede ser... no puede ser... me estas
mintiendo, estás jugando conmigo.... Sí, esa es mi casa. Cómo puedes
saberlo si tú nunca has estado por acá. ¿O sí?
—No mujer, nunca antes he estado por aquí y no estoy jugando. Pero
espera un poco más, me olvide de pasar a comprar facturas voy a ese
negocio que está en la esquina de la avenida Central con el Paseo de
las Rosas, me imagino la misma esquina donde tú tomas por la mañana
el colectivo que te lleva al trabajo.
—Sssssi... y sigo cayendo en el jueguito... No me explico
cómo puedes saber tanto, si tú no conoces esta ciudad y además estas
lejos. Nunca me has visto, no puede ser. Y lo peor es que no puedo
dejar de hablar contigo. Por favor dime la verdad...
—¿Qué verdad? La verdad es que ya compre las facturas, no había con
crema pastelera, solamente con dulce de leche, espero que igual te
gusten. Ahora voy para tu casa, está haciendo bastante frío y parece
que la lluvia ya comienza, parece que va a ser fuerte el temporal y
yo me vine con camisa delgada, un chaleco de hilo liviano y con
zapatillas de lona. Parece que esta noche voy a tener que quedarme
en tu casa. ¿Qué dices? ¿Me dejas quedarme contigo?
—No sé, no sé, no sé qué decir. Esto no puede ser, ya estoy
imaginando que en estos momentos vas a llamar a mi puerta y no sé
cómo voy a reaccionar...debo estar soñando, pero te estoy escuchando
y algo me retiene y no puedo cortar.-
—No, no estás soñando mujer, vas a ver que en unos minutos estoy
contigo y todo es realidad y espero que sea una dulce realidad igual
que las facturas que compré, esas con dulce de leche.
—A ver, a ver... no se... bueno ya que sin ser vidente igual ves
todo, dime, realmente no me atrevo a preguntar, me da miedo, pero
dime ¿Qué llevo puesto?
—¿Qué llevas puesto? ¿Te refieres a ropa?
—Si.
—A ver, a ver, llevas, llevas, la verdad no puedo visualizarte muy
bien y como ya te dije no soy vidente ni brujo, solo veo lo que veo.
—Entonces me has estado mintiendo todo este rato y yo muy tonta te
sigo en el juego. Pero... no, no creo, ya no sé qué pensar porque
todo lo que has dicho es real, pero ahora me entran dudas, no puedes
saber o mejor dicho adivinar qué es lo llevo puesto.
—La verdad es que no alcanzo a distinguir muy bien pero parece que
llevas un pijama de dos piezas de color claro y una bata hasta la
rodilla con flores azules, verdes y amarillas....
—¡Jajajajaajajaja, te equivocaste! Hasta aquí llego tu jueguito,
menos mal que te pillé, porque la verdad es que me tenías sumamente
asustada, ya no sabía que pensar...
—Voy llegando a tu puerta, lindo tu antejardín, se ven preciosas las
lavandas del rincón
y también esta hermoso ese macizo de petunias, y ese rosal con
flores encendidas es magnífico, se nota la mano de una mujer hermosa
y apasionada....
—Sí, claro, ahora te sigo, solo estás adivinado. Gracias, me gustan
las plantas y las flores, sobre todo me gusta la naturaleza... ves
otra vez estoy cayendo en tu juego, pero no se ya que pensar, si mi
jardín realmente es así.
—Espera, espera, espera mujer ahora veo mejor, realmente ahora te
veo bien. Las flores de colores azules, verdes y amarillas no son de
una bata ¡Son las cortinas! ¡Ahora te veo bien! ¡Ahora sí!, estas
parada frente a la ventana, al lado de una lámpara de pie, solo
llevas una bata transparente y en este momento la llevas abierta por
delante y veo unas redondeces exquisitas, unos muslos blancos,
tentadores y un monte sublime... ¡Aaaaaaah que belleza es la que
estoy viendo!...
—No. No, no, no, no, no, no, no puede ser... no puede ser...es
cierto lo que dices que ves... pero… pero esto no está pasando....
estoy soñando…por favor no sigas, no sigas, vete, vete.... ¿Qué
hago, que hago? Voy a cortar... voy a cortar....-
—Estoy en la puerta voy a tocar el timbre...
—Por favor no, no por favor, voy a cortar, voy a cortar la
comunicación, tengo que cortar, tengo que hacerlo, esto no puede ser
cierto, es sólo un sueño…
Se escucha el chasquido de una comunicación al interrumpirse que se
confunde con el sonido del timbre de la puerta de entrada de una
casa con un hermoso jardín, mientras el viento ulula en la copa de
los pinos y está comenzando a llover...
—¡Bhuu! y cortó, tan bien que estábamos conversando y pasando la tarde, bueno mañana la vuelvo a llamar para saber si quiere que sigamos platicando a través del Skype en el smartphone y Google Earth en el computador de escritorio. No me dio tiempo ni siquiera para preguntarle su nombre.
Incluido en libro: Cuentos al viento
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