Romilio y Julieta en la revisión técnica
Vicente
Herrera Márquez
Lloviznaba en
Santiago. En una esquina del centro alguien trataba de detener un taxi.
Los que pasaban no accedían a su llamado. Después de largo rato de
espera al fin se detuvo uno, un auto grande y elegante, de marca
reconocida. Se subió y observó que el interior era o había sido de lujo,
con revestimientos de o imitación madera y tapiz de felpa de un color
azul oscuro un poco sucio.
Le indicó al conductor cual era la dirección a la que se dirigía y éste
le preguntó por que ruta le convenía más, puesto que era una larga
carrera. El pasajero se sorprendió por la pregunta, no por el contenido
de ella, sino por que la voz que la formuló era una agradable voz de
mujer, se inclinó hacia adelante en el espacioso automóvil y observó que
quien conducía era una rubia, al parecer espectacular, por lo que podía
ver y deducir.
-¡OH que sorpresa! Una mujer, perdone no me había dado cuenta, buenas
noches-
-Buenas noches señor, ¿Por qué calle me dijo que nos convenía ir, para
hacer mas rápido el recorrido? -
-No se lo he dicho pero nos conviene ir por...- y le explicó
detenidamente el recorrido, con voz de FM.
Había aflorado el macho conquistador aleccionado por aquélla voz
femenina y por los pícaros grados etílicos que había consumido en la
comida en que estaba, razón por la cual es que no andaba conduciendo.
Por el pequeño espejo retrovisor, con la poca luz del interior, podía
observar algo de las facciones de aquella mujer, se notaba de líneas
finas y marcadas, cabellera rubia recogida en un moño semicubierta por
un jockey, una tez más bien blanca, nariz respingada y ojos... ojos
grandes y vivaces.
El buscaba forma de entablar conversación y nada mejor que comenzar por
alabar aquel modelo, siendo él además entusiasta admirador de los
automóviles, puesto que su profesión era Ingeniero Mecánico y se
desempeñaba como jefe de una planta oficial autorizada de revisión
técnica de automóviles. Le preguntó por la marca, el modelo y el año del
vehículo, él lo sabía, pero tenía que lograr que la rubia se interesara
en su conversación.
Ella al notar el interés de su pasajero, y también con ganas de
conversar, luego que por su espejo, a su vez, había echo una inspección
de él, respondió con lujo de detalles a las consultas del ingeniero.
El, por su trabajo, conocedor de las leyes de transito, preguntó como
estaba mecánicamente y si aún le otorgaban patente para taxi por el año
de fabricación y además le consultó por la revisión técnica. Todo esto
sin dar a conocer cual era su profesión y su trabajo.
La respuesta fue que el esposo de ella, funcionario importante de una
municipalidad, fallecido hacía ya un par de años
atrás, le había heredado este auto al que había transformado en taxi
para poder tener otra entrada económica y así poder llevar el pasar a
que estaba acostumbrada, complementando la escasa pensión que le
otorgaba el sistema de pensiones. Ella también le explicó que por ley
podía usar ese auto durante un año más como taxi, pero que en ese
momento tenía problemas con la revisión técnica, la cual le fue
rechazada justo el día anterior, por lo que temía que no le iban a
renovar la patente de taxi y se vería obligada a vender aquella joyita.
Además le comentó que trataba de mantener lo mejor posible el automóvil,
que se cuidaba de no manejar por lugares muy alejados y que además
seleccionaba a sus pasajeros, no llevaba a cualquier persona que la
hiciera detenerse, siempre aminoraba la marcha y tras una rápida pero
exhaustiva inspección volvía a acelerar o se detenía. Ante esta
explicación él se sintió halagado, había sido aprobado para abordar
aquel automóvil.
La conversación se hizo fluida como si fueran antiguos conocidos y así
llegaron al destino.
Después de pagar gustoso la tarifa correspondiente él le comentó que
conocía un taller donde podían ver cuales eran las fallas que tenía el
auto y que él mismo entendía bastante de mecánica y le dijo, con un tono
de picardía, que también le gustaría revisar esa, para él, joyita…
mecánica.
Ella lo miró también con picardía y haciendo un coqueto gesto le
preguntó como lo podían hacer.
El le explico como y se pusieron de acuerdo para encontrarse al día
siguiente, que era sábado, para ver que se podía hacer por el auto y por
la viuda. Esto último solo lo pensó.
Temprano, por la mañana, se encontraron en el estacionamiento del
supermercado, que habían acordado la noche anterior. El llegó primero,
en su flamante camioneta 4x4, vestido deportivamente y tirando pinta
como día sábado y como lo pedía la ocasión, con jeans, camisa y lentes
para sol de marcas reconocidas.
A los diez minutos de haber llegado entro en el estacionamiento el
elegante, hermoso y con bastantes años futuro clásico de la industria
mecánica. Se estacionó como a treinta metros de donde estaba la 4x4 y de
él bajo su dueña. Este sí era un clásico de unos bien
cuidados cuarenta...,una despampanante mujer, alta, de contornos bien
marcados, dentro de los cánones tradicionales del mas o menos noventa y
algo, sesenta y tanto y noventa y un poco más; tez blanca y
pelo rubio largo y suelto, rubia chilena, de esas que bajo el rubio
esconden un color oscuro, quizás tan o mas bello que el dorado que lucen
por moda o por parecerse a ... Bueno, de lo que si se dio cuenta es que
ese auto tenía que pasar la revisión técnica de todas maneras, fuera
como fuera, pesara a quien pesara y costara lo que costara.
Visualmente mientras se acercaban, por defecto de profesión y trabajo,
él siguió haciendo la revisión técnica de ambos modelos, más de aquel
que se contoneaba coquetamente caminado a su encuentro y que al parecer
no necesitaba reparación alguna, solo requería salir a probarlo.
Ella a su vez, sin ser ingeniero mecánico, sino que una simple taxista
de unos cuarenta... y viuda hace dos años, también hacia una inspección
ocular y a juzgar por su sonrisa esta inspección superaba las
expectativas. Se dio cuenta que aquel solícito entendido en mecánica que
había sido su pasajero la noche anterior podría ser algo mas que su
pasajero en cualquier noche venidera. Lo encontró buen mozo, estatura
acorde con la suya, talla 48, buena pinta y zapatos número… 43, por lo
menos. Era exigente la viuda.
- ¡Hola! ¿Cómo estas?, ahora veo lo lindo que es tu auto. Pero tú si que
eres hermosa, traté de imaginarte, pero la realidad supera ampliamente
la imaginación. -
- ¡Ay gracias!, que amable, tu camioneta también esta muy bonita. -
Se dirigieron al auto y él le pidió abriera el capot, para ver el motor,
un gran motor y relativamente simple en comparación a los últimos
modelos, de muy fácil acceso a todas las partes vitales, fácil de verlas
y de tocarlas.
En su pensamiento destacó esto último: “Fácil de verlas y de tocarlas”.
Mientras hacía esto no podía dejar de pensar en la dueña de aquella
máquina. Le pidió que lo pusiera en marcha para oír el sonido del motor.
- ¿Cómo encuentras mi auto? - preguntó ella
- Realmente… te encuentro excelente - rápidamente, respondió él.
- Por el auto pregunto yo – dijo ella, esbozando una amplia y coqueta
sonrisa.
- Ah, perdón, perdón, no se en que estaba pensando. Encuentro que el motor
“suena” muy bien. Pero es mejor que lo digan los instrumentos, vamos al
taller de mi amigo.-
-¿Cómo lo hacemos? – inquirió ella.
- Fácil – respondió él – tú sígueme, yo soy tu guía.
- Te sigo, pero, ¿no será peligroso seguirte?- sonriendo, como jugando,
preguntó ella.
- Pierde cuidado, te prometo que conmigo no hay peligro, a menos que a
ti te guste el peligro... – dijo él.
- Ya... vamos… te sigo -
En veinte minutos estuvieron en el taller del amigo, el cual ya estaba
sobre aviso, pues temprano lo había llamado para comentarle el viaje en
taxi de la noche anterior cuando se retiró de la comida de aniversario
de la empresa donde trabajaba, y su intención de ayudar a la rubia
conductora para que pasara sin contratiempos la revisión y sin dejar de
mencionarle las características del automóvil y también las de su dueña.
Roberto, el amigo dueño del taller, al igual que él, cincuentón y gozador
de la vida, ambos con experiencias matrimoniales y separados, amigos
desde los tiempos del liceo y compinches de correrías y aventuras,
entendió sin muchas explicaciones lo que su amigo quería resolver aquel
radiante sábado de octubre y le manifestó que no se preocupara, que
fuera por la mañana y que él en ningún momento demostraría que ya se
habían puesto de acuerdo, igual como lo habían hecho dos meses atrás, en
una situación parecida.
Roberto, llamó dos ayudantes e inmediatamente se pusieron a revisar el
automóvil y su funcionamiento.
Mientras los mecánicos hacían la revisión, él y ella sentados en la
amplia y moderna 4x4 hicieron las presentaciones que sin quererlo se
habían ido postergando.
- Mi nombre es Julieta- dijo ella e inmediatamente preguntó:
- ¿Y el tuyo cual es? -
- ¡Romeo!- prestamente contestó él, mirándola serio y fijo a los ojos.
- ¿Romeo? ¿O sea Romeo y Julieta? No, no te creo, estás bromeando.-
- Es cierto, estoy bromeando, la verdad es que mi nombre no me gusta y
por eso trato de no decirlo.-
-Igual quiero saberlo, dímelo por favor -
- Ro-mi-lio-
- Entonces digamos ¿Romilio y Julieta? - preguntó ella mostrando una
hermosa y amplia sonrisa.
- Me parece bien, podrían ser los nombres de otra pareja romántica de la
historia…
Roberto interrumpió aquel relajado momento y les dijo que tendrían que
dejarle el vehículo por unas horas para ponerlo, según él, “Tiqui-taca”
para la revisión. Que de todas formas el taller estaba abierto hasta las
ocho de la tarde para que lo fueran a retirar. Seguramente consideraba
que ese tiempo era suficiente para él reparar el auto y conociendo a su
amigo pensaba que también era más que suficiente para un aperitivo,
almuerzo y…bajativo.
- Bueno compadre, si usted lo dice, así será- dijo Romilio e
inmediatamente agregó:
- Pero me imagino va ha quedar listo para la revisión, o sea como usted
dice: “Tiqui taca”.
- “Tiqui-taca” compadre, se lo aseguro- respondió Roberto.
- ¿Y que voy ha hacer yo hasta esa hora? –preguntó inquieta Julieta.
- Usted se va conmigo a almorzar a un lugar muy acogedor que queda cerca
de aquí –
- ¿Me estas invitando Romilio? –
- Por supuesto Julieta te estoy invitando. ¿Aceptas? –
- Mmmmm… bueno ya, acepto –
Roberto escuchaba aquel dialogo y pensaba para sus adentros en la
facilidad que tenía su amigo para conquistar y convencer mujeres, se dio
vuelta y se alejó pensando: ¡Romilio y Julieta, buena pareja!
La 4x4 al parecer conocía el camino de memoria, en quince minutos ya se
estaba estacionando en un tranquilo lugar donde los olores invitaban a
degustar algún delicioso plato de comida chilena. Entraron al local,
había pocos clientes, así que lograron ubicarse en un sombreado lugar
con vista a un hermoso parque.
- Hermoso este lugar, no sabía de él, me gustó- dijo Julieta
- Más te va a gustar cuando pruebes lo que aquí preparan y te aseguro
que a más de algún turista vas a traer hasta acá cuando te pregunten por
algún lugar donde degustar la auténtica comida chilena.-
Mientras que Julieta fue al baño, Romilio llamó a Roberto para
preguntarle por el auto y este le afirmó que no se preocupara
diciéndole:
-Todo va a salir muy bien, a pedir de revisión.- y agregó - Alguna vez
le he fallado compadre –
- No compadre, pero le digo que en ésta, quiero quedar como rey, y a
propósito, le quiero pedir otro favor-
- Diga compadre lo escucho –
- Por favor llame a ese lugar que tan bien conocemos y me hace una
reserva para un par de horas más –
- OK, sus deseos son órdenes compadre, Usted sabe, hoy por ti mañana
por mi-
- Gracias Roberto, tengo que cortar aquí viene ella, nos vemos en la
tarde, bien tarde.-
Guardó el celular, volvía Julieta y no quería que lo viera hablando,
para no despertar susceptibilidades.
- Julieta, Julieta -
- Dime Romeo, digo… Romilio, soy toda oídos –
- Aperitivo ¿qué quieres tomar?
- Algo con poco alcohol, el alcohol me desinhibe, y después puedo
arrepentirme de lo que diga o haga.-
- ¿Y cual es el problema?- Preguntó Romilio, -A mi me pasa exactamente
lo mismo, pierdo mi timidez.-
- ¿Tímido tú?, pues no lo parece.-
- Bueno, entonces margarita suave para ti y martíni seco para mi.-
Romilio llamó al mozo para ordenar el aperitivo. Cuando éste los trajo
preguntó si habían ya elegido de la carta lo que iban a pedir de comer,
ambos se miraron y sin haberlo conversado casi al unísono dijeron:
- Parrillada -
- ¿Con interiores o sin interiores? - Preguntó el mozo.-
- Con interiores – nuevamente, el mismo tiempo, respondieron ambos
- Con harta ubre – agregó Romilio
- ¿Ensalada, vino? Preguntó el mozo
- Ensalada surtida, con bastante pepino – dijo Julieta
- Y un tinto cabernet sauvignon de ese que tienen para los clientes –
acotó Romilio
Cuando el mozo se retiro, Julieta dijo sonriendo con picardía:
- Parece que te gusta la ubre... – a lo que Romilio, subiéndose al mismo
carro respondió:
- Si mucho y a ti parece que te gusta el pepino... -
Haciéndose la desentendida, tomo su copa de margarita con poco alcohol y
dijo:
- Salud Romilio, por una buena tarde -
- Salud Julieta, por una linda tarde, por que tu auto quede bien y por
nosotros –
El aperitivo ayudó a distender aún más la conversación, la parrillada
estuvo en su punto de cocción preciso y la temperatura de la carne, los
interiores y el vino en su grado optimo. Más o menos dos horas duró el
almuerzo, tiempo que en realidad no sintieron como pasó. Conversaron de
sus experiencias de vida. El habló de su ex mujer, de sus hijos, de su
vida actual solo y también de su trabajo como jefe de una planta de
revisión técnica, todo en forma sincera y como si lo estuviera contando
a una amiga de toda la vida.
Ella a su vez y haciéndose eco de la sencillez y sinceridad de él,
también contó de su niñez y adolescencia en el seno de una estricta
familia en una ciudad del sur del país, de su vida de casada con un
hombre al que quiso mucho con el cual nunca tuvieron hijos y que tras
una larga enfermedad murió tempranamente.
Era las tres de tarde cuando el mozo estaba retirando de la mesa, la
parrilla, en la que aún quedaba carne, pero nada de ubre y la ensaladera
en la que aún quedaban tomates pero nada de pepinos.
- Llamemos a tu amigo para saber por el auto – dijo Julieta
- Bueno, pero no creo que aún este listo –
Dicho esto Romilio llamó a Roberto y este le dijo que faltaba bastante,
pero que durante la tarde quedaba listo.
Ante esta situación Julieta preguntó:
- Y ahora ¿Qué hacemos? -
- ¿Vamos? - Preguntó Romilio, en tono romántico.
- ¿Dónde?... ¿Al cine?... ¿A vitrinear?... ¿Al parque?... – mirándolo
como distraída, preguntó
Julieta después de largos instantes.
Romilio la miró larga y fijamente a los ojos mientras tendía su mano
derecha hasta encontrar y tomar la de ella que también se acercaba hacia
el centro de la mesa y volvió a preguntar en voz baja:
- ¿Vamos Julieta?
- ¡Vamos Romilio! – respondió ella con voz casi imperceptible, agregando a
su respuesta un guiño que decía más que cualquier palabra.
Después de darle una buena propina al mozo, el cual no era la primera
vez que atendía a Romilio y alguna ocasional pareja, los despidió en
forma muy amable y agregando a ello un gesto con el dedo pulgar y un
guiño muy elocuente dirigido a él, en un momento en que Julieta admiraba
el parque de aquel lugar.
Subieron nuevamente a la 4x4 y ésta, conocedora de caminos, en menos de
veinte minutos entraba por un sobrio y discreto portal y después de una
también discreta seña siguió un camino bordeado de verde y tupido seto
de ligustrinas, hasta detenerse en una acogedora cabaña.
- ¿Tu casa? - preguntó ella, haciéndose la inocente, cuando él le abrió
la puerta de la cabaña para que entrara.
- La verdad es que no conozco este lugar, siempre lo veo cuando voy
camino a mi casa de vuelta del trabajo y ahora me acordé, ¿Qué te
parece? ¿Te gusta?-
- Sí, me gusta, me están gustando todos los lugares donde me estas
llevando, pero te voy a decir que es primera vez que entro a un lugar de
estos, y eso es cierto, te lo juro.-
- Yo también – Se apresuro a decir Romilio
- Júralo, igual que yo – dijo ella
- El se hizo el desentendido y llamó por el citófono pidiendo una
botella de champaña bien helada. Cuando llegó el pedido sirvió las copas
y dijo:
- Quiero brindar por ti y por este momento que espero sea el primero de
muchos –
- Lo mismo digo yo, pero también agrego a ello, que me vaya bien con la
revisión técnica de mi cacharrito – dijo Julieta llevándose la copa a la
boca.
Al brindis con champaña siguió un brindis de labios que hacía rato se
deseaban y solo esperaban el momento para unirse. A ese beso siguió otro
y otro. Y entre besos, champaña y caricias, el deseo despojo ropas,
venció ansiedades, unió cuerpos, conjugo pieles en toda la extensión de
ellas, liberó tensiones por un lado y por otro un torrente
reprimido e inmenso que no alcanzó a desbordarse en su totalidad.
Con la lasitud de los cuerpos después del momento vivido y agregándole a
ello el aperitivo, el almuerzo, el vino y la champaña, el sueño venció a
la pareja de amantes. Despertaron sobresaltados por el zumbido ronco del
celular de Romilio, era Roberto el que llamaba para avisarles que ya era
casi las ocho de la tarde y que estaba por cerrar el taller, para que
fueran a retirar el auto, el cual estaba listo desde hacía bastante
rato.
- Perdone compadre, no nos habíamos dado cuenta de la hora, estamos en
el cine y la película esta muy, muy buena, vamos inmediatamente para
allá – dijo Romilio
- ¿En que cine compadre? Preguntó Roberto en tono socarrón y colgó el
teléfono.
Se miraron y se admiraron en su desnudez por largos minutos, después de
un apasionado beso, una ducha rápida sin mojarse el pelo, se vistieron rápidamente y se retiraron de aquella
acogedora cabaña en dirección al taller, camino que la camioneta, por
supuesto, conocía muy bien.
Durante el corto trayecto, Romilio se animó a decir que el había notado
en la ansiedad de Julieta deseos de más y por ello se disculpó de no
haber podido haberla complacido en su totalidad, explicando que se debió
quizás al vino, la champaña y a la lógica ansiedad del hombre de quedar
bien ante la mujer en la primera vez. Ella le respondió que no se
preocupara y que a su vez entendiera que ella hacía mucho más de dos
años, tal como le había contado durante el almuerzo, que no tenía
ninguna actividad de este tipo y que lo que había sucedido había sido de
todas formas maravilloso y placentero.
- Ya habrá otra ocasión- concluyó Julieta con un beso en la mejilla y
tocando alguna parte sensible de Romilio.
Cuando llegaron al taller Roberto los estaba esperando en la puerta del
mismo, estaba solo, su personal ya se había retirado faltaba poco para
las nueve.
- Perdona Roberto, viejo amigo, se nos paso la hora y no nos dimos
cuenta - dijo Romilio
- No se preocupen, me imagino que era muy buena la película - respondió
Roberto dirigiéndose a Julieta.
- Si excelente, voy a tener que verla de nuevo para saber el final, en
cuanto pueda lo voy a hacer - dijo Julieta mirando con complicidad a
Romilio.
- ¿Como quedó el auto compadre? ¿”Tiqui-taca para la revisión? -
- “Tiqui-taca”, como se lo prometí compadre –
- Cuanto le debo por el trabajo y por las molestias – preguntó Julieta
- No se preocupe, no es nada, es retribución a un servicio que le debía
a Romilio, si el quiere cobrarle es problema de él, pero conociendo a mi
amigo yo se que no lo va a hacer y menos a una mujer tan hermosa como Ud.
- Se lo agradezco, y perdone por haberlo hecho esperar –
Antes de separarse, cada uno en su vehículo, Romilio le indicó a Julieta
la dirección de la planta donde él trabajaba, para que el lunes llevara
el auto para su revisión. Le indicó sí, que él no la iba a ver, puesto
que no atendía público y además en este tipo de cosas nada se puede
hacer por amistad, todo esta regulado por ley y
muy controlado por los organismos correspondientes al transporte y por
otro lado existen reglamentos muy estrictos en cuanto al transporte de
pasajeros. Después hablarían por teléfono para saber el resultado.
Ella le preguntó si estaba seguro que no iba a tener ningún problema.
Ante esta inquietud él le aseguró su confianza técnica en el amigo y
tenía plena certeza que su taxi el lunes tendría su correspondiente
revisión autorizada para obtener el permiso de circulación. Estaban
solamente ellos dos frente al taller. Se despidieron con un beso y la
promesa de volver a verse para conversar de revisiones, de la vida, de
otras inquietudes y además dijo Julieta para ver la forma de retribuir
aquel servicio de tanta importancia para ella.
- Y para ver el final de la película – se apresuró a decir Romilio
Día lunes, otro día de trabajo, otro día de ajetreo en las calles de
Santiago, otro día de carreras de taxis compitiendo por ganar el
pasajero, otro día de revisiones técnicas para Romilio, otro día de
incertidumbre para Julieta, que lo que mas anhelaba era lograr pasar
conforme la revisión para tener su permiso de circulación por un periodo
más. En su pensamiento además estaba Romilio al cual veía como su
salvación en aquel problema mecánico. Pero sobre todo estaba en su mente
la tarde del sábado, la que aún siendo muy buena le dejó una sensación
de apetencia y deseo de más, lo que le hacía pensar que aquello debería repetirse a la
brevedad.
Lunes, ninguna llamada, ni en un sentido ni en el otro. Martes,
miércoles, jueves, copias calcadas del lunes.
Romilio pensaba: claro consiguió lo que necesitaba, y hasta pensó que
era posible que antes de ser pasajero de aquel taxi ella sabía quien era
él y en que trabajaba y por ello no dudó en llevarlo y después de
dejarse seducir, entregar algo a cambio y conseguir lo que quería: si te
he visto no me acuerdo. Debiera haber tenido, por lo menos, la
deferencia de avisar como le había ido con la revisión…
También Julieta a su vez pensaba: como todo hombre, vio una oportunidad,
la trabajó, la conquistó y la aprovechó, incluso llegó a pensar que era
muy posible que estuviera de acuerdo con Roberto, el amigo del taller
mecánico, después: (coincidencia) si te he visto no me acuerdo. Podría
haber llamado para saber si había pasado la revisión, aunque el debiera
saberlo si es el jefe de allí, o sencillamente para saludar y saber como
estaba…
Viernes, último día de la semana y último día de espera, a las cuatro de
la tarde, Romilio se sentó frente a la pantalla de su computador y se
puso a ver todas las revisiones aprobadas el día lunes, no encontró ni
el nombre Julieta, ni la patente que había guardado en su propia
memoria. Revisó el martes, nada encontró.
Miércoles, jueves, absolutamente nada.
En el primer informe del día viernes apareció por fin el nombre Julieta
y el número de patente tan buscado y además con el timbre: APROBADO,
pero también se dio cuenta de que se había presentado el día lunes y el
miércoles y en ambas ocasiones había sido rechazada la revisión, por
problemas de carburación y de frenos. Lo primero que se le pasó por la
mente fue llamar a Julieta y preguntarle cual había sido el problema y
cual la solución, ya que recién se había enterado revisando los datos en
la pantalla.
Justo en esos momentos sonó su celular, transmisión de pensamiento, era
Julieta.
- Hola Romilio - una voz suave y sensual
- Hola ¿Quién llama? – respondió y preguntó con su tono conquistador
- Soy yo, Julieta -
- ¡Julieta! ¿Cómo estas, tantos días?-
- Bien ¿y tú?-
- Bien también, perdona pero no te había podido llamar, mucho trabajo y
muchos problemas ¿cómo te fue con la revisión técnica? –
- Bien, excelente, ningún problema, hoy me renovaron el permiso de
circulación así que estoy contenta y feliz -
- Que bueno me alegro por todo ello- contestó Romilio y no quiso
preguntar por los problemas que tuvo para que le aprobaran la revisión
técnica ya que tras esa felicidad y alegría presentía algo interesante.
- ¿Que tienes pensado hacer mañana por la noche?- preguntó Julieta con
su tono de voz más sensual.
- Deja ver mi agenda… no hagas caso son bromas, la verdad que nada
¿Porqué?- inquirió Romilio.
- Te invito a comer a mi casa, algo sencillo pero que lo prepararé con
mucho cariño-
- Ante una invitación de ese tipo, quien podría negarse, acepto, yo
llevo el vino ¿ya?-
- De acuerdo, te espero a las nueve –
Dicho esto Julieta le dio la dirección y las señas de cómo llegar hasta
su casa ubicada en un condominio casi al final de una avenida que sube
por un barrio precordillerano de Santiago.
Después de finalizar esta conversación Romilio llamó a Roberto y le
comentó, con cierta molestia, lo acontecido, agregando que estaba
quedando “feo” con la rubia. Este le explicó que había echo todo en
forma conciente y profesional y que además los instrumentos marcaban
condiciones óptimas, que no tenía explicación alguna para aquello.
- No importa compadre, espero ver a Julieta, digo a la dueña del auto,
es posible que vayamos a ver esa película que quedó incompleta el sábado
y ahí le voy a preguntar que fue lo que paso. El lunes le cuento -
- Bueno compadre, me gustaría saber que paso, me cuenta el lunes, que
disfruten la película.-
Romilio se prometió que no le iba a preguntar por los rechazos que tuvo
en la revisión del auto, a menos que ella le comentara, solamente iba a
aceptar aquella invitación, disfrutarla y hacer lo posible para portarse
a la altura de las circunstancias y también lograr una plena aprobación
a su desempeño.
Puntual a las nueve Romilio pulsó el timbre de la puerta de entrada,
quien lo recibió fue la misma mujer que conoció el fin de semana
anterior pero con un look distinto, igual de rubia, pero el pelo más
liso, más joven, más alta, más delgada y luciendo un vestido elegante,
que trasparentaba algunas partes de un cuerpo exquisito y tentador. Se
saludaron con un largo beso como dos novios a punto de casarse.
Romilio traía las manos repletas, dos botellas de buen vino tinto,
bombones y un ramo de rosas rojas.
Una comida digna de un rey y una atención que ya se la quisiera el mas
rico monarca de algún emirato petrolero. Todo tranquilo, sin apuro, sin
reloj, con la 4x4 guardada en el patio detrás del causante de todo
aquello, con una noche cómplice y dos amantes dispuestos a llenar cada
minuto hasta el amanecer, en compañía de una música suave, una tenue luz
y un refrescante ponche a la romana preparado por Julieta.
Y así fue. La noche se hizo corta, la música languideció, la luz se
confundió con la aurora y el ponche además de hacerse poco no refrescó
ni aplacó el ánimo y el ímpetu de los amantes.
Bien entrada la mañana del domingo Julieta y Romilio se despidieron con
caricias, dulces palabras y promesa de amor eterno como si fueran los
amantes de Verona.
Cuando Romilio ya sacaba, retrocediendo, la camioneta del patio, llamó a
Julieta y le preguntó:
- ¿ Julieta dime por favor, cómo estuvo todo? – ella no dijo nada, solo le dio un gran beso y le
deslizó algo en el bolsillo de la camisa.
Ya en su casa al cambiarse de camisa se acordó de lo que Julieta le
había puesto en el bolsillo, saco dos hojas de papel dobladas, las
extendió y soltó una fuerte carcajada al ver que eran dos formularios de
revisión técnica de su propia oficina.
Pensó que Julieta no le quiso mencionar los contratiempos que tuvo con
la revisión de su auto y como broma le puso estos informes en el
bolsillo de la camisa.
Con una sonrisa en los labios leyó el primero de aquellos formularios en
el cual estaban todos los datos del vehículo con la fecha del día lunes
recién pasado.
Los datos indicaban que había un problema con la composición de la
“mezcla”, por lo tanto de “carburación”, además que requería revisión
del sistema de frenos.
En un borde del papel con letra manuscrita se leía: ajuste de “chicleres”, agregar un
“aditivo” y regulación de frenos o cambio de “pastillas”, era muy
posible que algún mecánico o alguien entendido hubiera escrito esto como
una indicación de lo que había que hacer.
Plazo para la reparación: hasta el próximo viernes.
Al comenzar a leer el segundo formulario su sonrisa se fue transformando
en un gesto serio y adusto, éste había sido borrado, conservando si el
formato de imprenta, lo demás había sido reescrito con lo siguiente:
Fecha: Sábado tanto… (La de ese sábado)
Marca: Romi Edad del modelo: no se sabe pero se nota con bastante uso.
Problemas o fallas:
Tiene fallas de carburación.
Se acelera demasiado en muy corto tiempo, aún así no llega a la
velocidad máxima, le cuesta desacelerar y mantenerse en “ralenti”.
El sistema de frenos también tiene problemas.
No frena cuando es requerido y la respuesta a la frenada es muy larga,
lo que hace que en cualquier momento puede desbarrancar sin alcanzar a
llevar a su pasajera al destino final.
Se recomienda:
1) Una limpieza y ajuste de “chicleres”.
2) Un complemento de vitaminas y ginseng
3) Repasar el manual para ver el uso del freno y
4) Un “aditivo” en “pastillas” especial para ese modelo y año llamado
SILDENAFIL (Viagra u otra marca)
Con letras azules grandes y remarcada se leía la palabra
RECHAZADO a la que se le había agregado en
letra mas chica esta otra: Momentaneamente.
Y con letras de color rojo, destacado y subrayado se leía:
Se le cita para una nueva revisión el próximo sábado a las 21 hrs.
El día lunes temprano Romilio recibió un llamado de su amigo Roberto
para saber si había averiguado lo que había pasado con el auto de la
rubia y el rechazo de la revisión técnica. A lo que Romilio respondió:
- No se preocupe amigo mío, todo fue un mal entendido, todo salió bien,
no hubo ningún contratiempo, buen trabajo el suyo y se lo agradezco y
acuérdese que le debo una. -
- Ya amigo, me alegro que todo resultara bien. Ah y a propósito ¿Cómo
funcionó usted compadre? –
- Tiqui-taca compadre, Tiqui- taca -

Libro de visitas
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Derechos Reservados - Vicente Herrera Márquez - Nº
166350 - Chile