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Mensaje al viento Kóshkil
Vicente
Herrera Márquez
Soy la pequeña y susurrante brisa, que a las veletas no las
inquieta;
soy del valle o la montaña, según de donde venga, depende donde
vaya.
Soy la ráfaga mensajera de los vientos, que la rosa recorre sin
cesar;
la que viaja por Cáncer, Capricornio, también Meridiano y
Ecuador.
Soy la portante de mensajes, de los vientos que arrasan o
acarician;
de los cálidos y ululantes y también de aquellos fríos y
bramantes.
Soy confidente de los suaves y húmedos Céfiros y Auras por
igual;
también del Monzón con el Siroco, además del Cierzo y el
Mistral.
Conozco y soy aliada del Pampero y los Alisios, Tramontana y el
Simún.
Saben de mí las tormentas boreales, las australes tempestades y
los vientos borrascosos, horadantes de roca en el norte y en el
sur,
que con cinceles de hielo, acantilan costas y fiordos en muro
colosal.
Viniendo del norte y del oeste, escalando montañas y trepando
volcanes,
señor de llanuras y mesetas: Kóshkil, viejo, fiero y grande ogro
patagón,
hoy paso a saludarte y darte un mensaje que en mis ondas traigo
para ti.
Sabiendo de mí paso por tus tierras en demanda del Antártico
glacial,
desde Arauco, allende el colosal Ande, el Puelche tu hermano
viento,
que baja de la montaña y azota al pueblo mapuche en su camino al
mar;
ayer, tarde de julio, con sol de invierno, muy airado, de un
soplo lo redactó.
Llevadlo dijo: lo más pronto, por las corrientes, que sepa el
viento del sur:
Hoy en mis tierras, con canas añosas, se encontraron dos
hermanos.
Había distancias que no las andaban, caminos que no transitaban.
Pero si se acordaban de un viento fuerte, que hace una vida, los
separó.
Y ese viento, vientos del mundo, quiero que sepan que fue el
Kóshkil.
No estaban tan lejos, sabían de ellos, a un tercio de día, no
más que eso.
Distancia de años, voces silentes, encuentros truncos, cariño
inerte.
Quizás fue el viento, que hace ya tiempo, por dos caminos los
arrojó.
No hubo lágrimas, ningún lamento, ningún reproche, ningún
tormento.
Los dos pensaron que fue aquel viento que el carácter duro les
modelo,
Recordaron, que de muy niños, el regazo materno el viento se los
quitó.
Más adelante al pobre padre, también con saña, un día de otoño,
se lo llevó.
Ese maldito viento que a dos retoños, por Patagonia, solos, echó
a volar.
No te preocupes, viejo perverso, no te maldicen ellos, lo hago
yo.
Yo soy tu hermano y tengo derechos, pues, hijos de Eolo somos
los dos,
y todos los vientos, muy bien sabemos, por esta brisa que
comunica,
que tú no quieres a los que llegan, ansiosos, de echar raíces en
tu región.
Pero no importa viento Kóshkil, ellos no te maldicen, ni te
reprochan.
Quizás te añoran y tal vez quisieran sentir en su cara tu
ventarrón.
Más te agradecen que hayas curtido su cuero, cuál del piche,
caparazón;
que con tu soplo, modelaras facciones, escultor soberbio de
vibrante voz;
y en carrera, cual maras, por las llanuras, a sus pies les
dieras celeridad.
Que con tu frío cortante convirtieras sus manos en herramientas
de modelar.
Te agradecen que a sus ojos los dotaras para ver de cerca y en
lontananza;
que a sus oídos dieras, aunque en trueno resonaras, silencio
para escuchar;
y a sus cuerdas vocales y gargantas brioso caudal de voz que
derramar.
Que abrieras sus pensamientos a todas las posturas, ideas y
creencias;
enseñaras a sus mentes, a idealizar quimeras y también vivir la
realidad;
y que dieras a sus pechos capacidad y resonancia, para gritar
libertad.
Se acordaron, entre risas, de las boinas y pelotas que hacías tu
rodar;
y aquel barrilete hermoso, de mil colores, que les quitaste una
navidad.
Recordaron el calafate, la mata negra, amarilla, la corralera y
el avestruz.
Con cariño, la gente buena, que en los momentos de más penuria,
los cobijó.
Nombraron a las maestras, todos los nombres, Julia del Carmen
sobresalió.
Añoraron los fríos inviernos, la nieve, también la escarcha y la
cerrazón;
en el día corriendo por cañadones y en la noche rascando los
sabañones.
También se acordaron del mate amargo, el puchero, la polenta y
el pororó;
noches heladas, calentadas con brasas de leña y alumbradas por
un candil.
Con nostalgia, se acordaron de aquel pan dulce y la sidra por
navidad;
y el Día de Reyes que celebraban, con juguetes, que a todos los
niños pobres
Evita, todos los años, les regalaba y en tren llegaban al correo
o la estación.
Por eso soberbio viento del sur, todos los vientos del mundo te
lo pedimos:
Mueve veletas, gira molinos, silba entre ramas de molles y
espinos
eleva cometas, arrea guanacos, reseca las pampas, arrasa
mesetas.
Destruye estructuras caducas y añejas, derrumba los muros de la
arrogancia;
con suavidad mece las cunas y con violencia remece
inconciencias.
No derribes al débil, respeta a los niños y techos que cobijan
pobreza.
Mas nunca, te pido, hermano querido, dividas caminos, separes
hermanos
Para que siempre, nadie, te diga maldito y todos te nombren:
viento bendito.
Y aquí termina el mensaje que el Puelche, enojado, me pidió
traer.
Si tú quieres por aquí vuelvo y respuesta a tu viento hermano,
puedo llevar,
si no sigo por las corrientes, llevando y trayendo mensajes a
todos los vientos;
de norte a sur, del oeste al este; siendo, para ellos, el
heraldo de todo avatar.
Incluido en libro:
Páginas al viento
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