La
última versión de Google Earth me hizo llorar...
Vicente
Herrera Márquez
Ayer instalé la última versión del programa Google Earth, la 4.0 Beta, y
debo confesar que me hizo llorar.
Lo descargué, lo instalé y no funcionó, primer contratiempo.
Lo desinstalé y volví a repetir la operación, nada, tampoco funcionó.
¿Cuál sería el problema?
Debo decir que no soy muy experto en esto de Internet y la computación,
solo soy un viejo aficionado que simula ser un entendido en estas técnicas
de la modernidad, pero viejo y testarudo, podía haber llamado por teléfono
o por chat a mi nieto de nueve años y pedirle ayuda, pero no quería
mostrarme ante él como ignorante en la materia. Por
lo tanto me dije que solo tendría que resolver el problema.
Pensé y claro había algo que no había hecho, desinstalar el programa mas
viejo, podría ser esto lo que estaba entorpeciendo la correcta
instalación. Lo eliminé y además limpie todos los restos que pudieran
quedar en algún rincón del computador.
Volví a instalar el programa nuevo, con calma y tiza, como diría un
jugador de billar, tratando de no equivocarme u olvidarme de algo.
Listo, ahora sí, a probarlo y a disfrutar de este nuevo software.
Otra vez nada, ya desesperaba, estuve a punto de llamar a José Ignacio,
pero no, la tecnología no me la iba a ganar. Una vez más a empezar de
nuevo.
Volví a releer las instrucciones y los requerimientos, creo que el
problema estaba en la memoria Ram. Si bien era cierto que los
requerimientos pedían como mínimo una memoria Ram
de 128 Mb, que es la que yo tengo, lo óptimo era usar una de 512
Mb, parece que allí radicaba el problema.
Seguí probando y probando y nada. No quise llamar a
Nacho, a sus nueve años tiene muchas otras cosas que hacer
antes que estar atendiendo a su abuelo.
Volví a desinstalar y nuevamente instalar, ya no sabía que más hacer, ya
me sentía abatido y derrotado.
Instalé el programa para verlo y configurarlo mañana, ya era muy tarde.
Cuando iba a apagar el equipo, en lugar de apretar la tecla “apagar”
apreté “reiniciar” y me fui a preparar una taza de té, cuando volví al
computador, la pantalla estaba llena con el mundo de Google Earth,
¡Milagro! como para no creerlo.
Me olvidé que era tarde, prácticamente madrugada y me senté frente al
monitor a probar la nueva versión, la 4.0 Beta.
Instintivamente me fui a un lugar al sur del mundo, a un pueblo en la
Patagonia argentina cuyo nombre es: Las Heras. En este pueblo viví toda mi
niñez y adolescencia y ya hace casi
cincuenta
años que
me fui de allí.
Comencé a acercarme en el vuelo virtual; cinco kilómetros, cuatro,
tres, dos, uno, hasta esa distancia podía ver algo,
pero muy borroso, con la versión anterior;
si me acercaba más todo se perdía y diluía; ahora parece que me daba mayor
acercamiento; novecientos metros, ochocientos, setecientos, seiscientos,
quinientos, cuatrocientos, cuatrocientos, cuatrocientos... y me puse a
llorar...
Allí estaba mi pueblo, clarito, al alcance de mi mano, al tamaño de
mis ojos; grande, grande, mucho más grande y yo me sentía pequeño...
Allí estaba la plaza con grandes árboles que teñían de verde su extensión,
allí la calles Perito Moreno, San Martín, Roca y todas (no me acuerdo los
nombres), todas pavimentadas, en el recuerdo quedaba la tierra...
Allí estaba la escuela, en la misma manzana, eso si cuatro veces mas
grande, su patio, su cancha, la huerta o por lo menos el espacio de la
huerta. El techo se ve azul, creo recordar que en mis tiempos era rojo, o
puede ser efecto de la fotografía...se
ven también otras construcciones nuevas y grandes con techos azules...
Si bien es cierto que el pueblo es mucho mas grande, yo me concentré en
las doce o trece por cuatro manzanas de aquellos tiempos, en la plaza, la
municipalidad, el correo, la Anónima, Argensud, El Baratillo, Muruzabal,
La Esperanza, la librería Garriga,
la librería Parra, la peluquería Tucci, el hotel Central, el hotel
Asturias; la pequeña fábrica de agua soda del papá del "Poroto" Alvarez,
donde tomábamos bilz "recien salida de la máquina";
la carpintería de Mulher, la agencia Giobbi, la cancha de
fútbol y la sede del club Deportivo Las Heras, la escuela Nº3.
El cine donde ganaba algunas monedas acomodando
espectadores no esta y tampoco
las pequeñas casas o piezas arrendadas donde en forma itinerante según
donde se podía pagar un alquiler, nos criamos mi hermano Humberto
y yo.
Ahora quizás ya no necesite viajar hasta allá para visitar mi pueblo,
puede que una próxima versión de Google Earth me pernita caminar por sus
calles (Hoy parece que todo es posible).
Pero mientras que ésta no llegue, me gustaría que
tú, sí Tú, fueras la guía virtual y a través de Internet me fueras
mostrando el pueblo, sus calles y su gente de hoy, mientras yo te
cuento
del pueblo, los trenes y los niños de ayer.
La instalación del programa me costó y me hizo transpirar pero la visita a
mi pueblo y los recuerdos... me hicieron llorar.

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