Famosos y la intimidad
Vicente Herrera Márquez
¿Qué los famosos no pueden tener vida privada y ni siquiera espacios
privados?
¿Qué los famosos son personas públicas y no pueden vivir su intimidad?
¿Qué los famosos deben ser personas que tienen que ser superhumanos y
otras veces sobrehumanos y estar más allá de las reglas que rigen a lo
humano?
¿Quién lo dijo? ¿Quién estableció esas normas? ¿Quién de los que no son
famosos?
¿Hasta donde puede llegar el morbo del mismo ser humano?
¿Hasta donde llega la ambición del dinero y del poder de la noticia en
nuestros días?
Todo esto lo pregunto a raíz del caso Boloco o Bolocazzo como le llama los
responsables de la prensa que vive de entrometerse en el patio y en la
cama de las personas que en la vida logran alcanzar uno o dos peldaños mas
que ellos y que nunca lo van a lograr con lo que hacen.
Pregunto si esa persona camuflada en la distancia y que aprovechándose de
adelantos modernos y que estira sus ojos hasta la intimidad ajena para
alimentar el morbo propio del ser humano, es decir de todos nosotros, del
cual no me excluyo, insignificantes voyeristas reclinados en la intimidad
de nuestro living o nuestro dormitorio, sería capaz de mostrar su propia
intimidad por si solo o permitiría que un colega de él, lo haga aunque
sea para obtener el pan para sus hijos?
Pienso que aquel que hace ese trabajo sucio, el que paga para que lo haga
y el que difunde aquello con intereses mezquinos, todos, son consumidores
y a la vez traficantes vendedores de droga disfrazada de información para
alimentar la miseria humana y engrosar fácilmente los propios bolsillos y
son ellos los que por otro lado combaten el alcohol y la marihuana,
tratando con ello de esconder sus propias bajezas y debilidades.
Yo con todo lo que digo no quiero presentarme como rey del cartuchismo y
apóstol de la información blanca y sin mácula que podría pretender el
conservantismo exagerado.
También veo la pantalla y leo la prensa y no cambio canal o me salto las
páginas que muestran el fisgoneo gráfico del fotógrafo o la prosa
destructora del seudo acucioso periodista.
En este caso en particular sin quererlo de esa forma, observo ese cuerpo
que siempre he admirado y he deseado ver en todo su esplendor, pero en mi
interior he deseado verlo y quizás más, solo que en intimidad, solamente
ella y yo y sin cuervos intrusos y devoradores.
No señores fotógrafos camuflados en la distancia, no señores opinólogos o
periodistas carroñeros, mejor vendan su intimidades, es posible que
alguien se las compre.
Yo también tengo mis intimidades, pero son mías, no las vendo y no quiero
que el vecino se empine en la cerca para deleitarse con lo que el no se
atreve a hacer o lo hace pero nunca lo mostraría.
Cecilia, se que de nada sirve, pero estoy contigo.
2007-05-25

Libro
de Visitas